lunes, 10 de septiembre de 2012

Hasta en las mejores bodas...


Hace unos meses me invitaron a una boda, se trataba del hermano de una de mis mejores y más queridas amigas, y pues he tenido la oportunidad de compartir con mucha de su familia, e incluso de ser compañero de borracheras del incauto que se iba a casar. La mamá del novio, junto con la invitación, me dio los datos del hotel donde deberíamos quedarnos todos los invitados del novio ya que la boda se celebraría en una ciudad llamada Vega de Alatorre, que se encuentra al norte del Estado de Veracruz, ya que la novia es de allá y pues a pesar de que prácticamente toda la familia y amigos de ambas familias se encuentra aquí en Xalapa, pues por tradición decidieron hacer la boda allá. En fin que yo muy previsor, hablé por teléfono al hotel que me recomendaron, hable e hice mi reservación. Llego la semana de la boda y pues por cuestiones económicas, no tenía claro si iba a poder ir o no, sin embargo otra amiga me convenció y pues el jueves en la noche quedo decidido y el sábado partiríamos al norte del Estado.
 El sábado por la mañana, en chinga me puse a hacer mi maleta, a buscar corbata y todo lo necesario para el viaje, el cual iniciamos cerca del medio día. Después de manejar por espacio de dos horas, por fin estábamos en nuestro destino.
 Una vez registrado en el hotel, me encontré, hecha un manojo de nervios y aderezada con unos tubos en el cabello, a la mama del novio, quien me vio con cara de “ahí está mi superhéroe”, corrió por el lobby del hotel a abrazarme mientras me decía: Juanito, tú me vas a llevar a la casa de la novia, verdad?... pues no tuve más que decirle: súbase al coche!... esbozó dos tres palabras en el camino, pero en realidad yo podía percibir sus nervios, después de preguntar un par de veces, dimos con la casa, la deje y entonces decidí turistear un poco por el pueblo, fui a conocer la playa de ahí, un lugar bonito, con unos esteros antes de llegar al mar, después busque un lugar para comer.
 Regrese al hotel con el tiempo justo para rasurarme, bañarme y estar listo para la misa, una vez concluidas mis labores de higiene personal, me pongo los calcetines, la camisa, el pantalón, le hago el nudo a la corbata y entonces vino el pánico… los zapatos!... lo zapatos los olvide en Xalapa!... Noooooooo!!... y ahora?, por mi mente cruzaron mil cosas en 3 segundos, ósea, ¿Cómo pude olvidar los zapatos para un evento al cual había viajado especialmente? ¿Será prudente llegar a la boda, en traje y con unos tenis converse negros? ¿Y si me regreso?  ¡Sólo a mi me pasan estas cosas!... en fin, salí al pasillo y me encontré a mi amiga, la hermana del novio, ella ya estaba lista para irse, pues ya sólo faltaban 15 minutos para que iniciara la misa, y me dice: Juan, a dos cuadras de la iglesia hay una zapatería… ¡Dios! ¿Debía de gastar en zapatos nuevos?... Pues agarre las llaves y fui en busca de la zapatería, entre y le dije a la señora en mi desesperación: “¿Qué tiene en color negro, talla 9 y barato?”… pues después de probarme 3 pares, salí de ahí con zapatos nuevos, y la boda estaba nuevamente en curso, regrese al hotel, termine de arreglarme y me fui a la misa, a la cual obviamente llegué tarde. 
Me senté junto a otra amiga y su esposo, justo en ese momento, cuando el choque de adrenalina de los minutos anteriores bajo, pues fue cuando llego el golpe de calor, ¡Ah para calor infernal que hacía en el interior de la iglesia!, por donde sea que volteara había señoras con sus abanicos, gente sudando, no un calor espantoso, luego pensé, ósea todas las mujeres, con tremendos escotes, con faldas que les permiten que se les refresquen hasta las ideas, y ¿aún así se están soplando con un abanico? ¿Neta? Ósea, las invito a soportar el puto calor con un pantalón, con camisa, corbata y saco!, y agrégale que sin abanico…. En verdad, las invito… cuando de pronto la corbata la sientes tan apretada que te ahoga, cuando dejas hasta de poner atención a lo que el sacerdote dice, porque estas ocupando hasta la ultima célula de tu cuerpo para tratar de refrescarte, horrible… sin embargo, ahí aguantas, es por tus amigos que estas ahí… la misa sigue su curso, de pronto, llega el momento de “darse fraternalmente el saludo de la Paz” momento que he notado, es para aprovechar para viborear el vestido de la “amiga” sentada 3 filas atrás, para hacer el “pase de lista” de quien sí y quien no llego a la misa y así, ósea, ¿Dónde están las buenas costumbres que nos enseñaron los abuelos?
Concluida la misa y después de preguntar a medio mundo por la ubicación del salón y de medio perdernos, dimos con el “salón social del Pueblo” y cual va siendo la sorpresa de todos al darnos cuenta que no estaba climatizado y a pesar de que ya era de noche, el calor estaba siendo insoportable, e insisto, con traje es peor! Tomamos nuestros lugares, e inicio la recortadera de gente…. Perdón, la fiesta!
Estaba sentado junto a los papás de otra amiga a mi derecha, a la izquierda tenia a la prima de la novia, quien también es mi amiga, y de frente a mi otra amiga y a su esposo y empiezan a correr los comentarios típicos, “ya viste el vestido de esa… que descortesía de ese otro… como puede caminar con esos tacones… esa vieja parece de la vida galante… quien la peino, su hija de 4 años… quien le dijo que eso le combinaba…” en fin, la fiesta estaba siendo todo un éxito, hasta que los novios hicieron su arribo y la del micrófono dice: Démosle la bienvenida y un fuerte abrazo a Angélica y Ricardo!... y en mi mesa, ¿Ricardo? ¿Qué nos equivocamos de boda? (el novio se llama Gerardo) jajaja nooooo! Ahí venia entrando Gerardo… un rato después me contaron que la mamá del novio poco le falto para desgreñar a “la pendeja que le cambio el nombre a mi hijo”… Fue muy chistoso. Entonces vino el tradicional Vals, el brindis, y llego la deliciosa cena, la verdad es que estuvo muy rica, para ser boda, estuvo muy muy bien, bueno, hasta que de pronto el fondo musical “romántico” de la cena empezó  a sonar, “¡corre!” de Jesse & Joy… sólo porque la rolita tiene acordes “románticos” no quiere decir que lo sea, es una rola de total desamor y como que no venia al caso en una boda, pero bueno… el calor seguía siendo insoportable y de pronto escucho a un matrimonio de sexagenarios donde ella le decía a él: “¿Qué prefieres, ser un macho sudado o un delicado fresco?” jaja moría de la risa con el comentario… la boda siguió transcurriendo sin mayor novedad, vinieron las rolas de cajón, ya saben, Payaso de Rodeo, Juana la Cubana, El Venao, I Will Survive, YMCA, y tantos y tantos éxitos del reportorio de cualquier boda respetable, el ramo y el liguero se lanzaron, mientras yo desde la comodidad de mi asiento, con mi copa de whisky con agua mineral en mano, viendo desde lugar preferente todo lo que sucedía a mi alrededor, y mi felicidad fue mayúscula, cuando a las 2 de la mañana llego el mesero con unos ricos (en verdad muy ricos) chilaquiles rojos picositos. Realmente la pase muy bien, me divertí bastante, tome bastante, comí muy rico, y creo que las 2 horas de carretera y los zapatos nuevos, valieron la pena, tanto que ni el hecho de que mi celular no tuviera 3G en ese lugar me afecto tanto.
¡Qué vivan los novios! 

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